HISTORIA DEL SOMBRERO VOL.3

Sombreros de la modernidad: del bicornio al bombín

Tras recorrer la Edad Media y el Renacimiento, el sombrero siguió reinventándose en cada época. En los siglos XVIII y XIX, la prenda alcanzó una diversidad fascinante, marcada tanto por los grandes movimientos sociales como por la moda de las cortes y la vida burguesa.

Entre los más singulares está el bicornio, inseparable de la imagen de los capitanes generales y de los uniformes militares de la época. Más antiguo aún es el sombrero de tres picos, medieval y propio del norte de Europa, que la tradición literaria terminó asociando a figuras legendarias como Robin Hood.

El siglo XIX trajo consigo una auténtica revolución en la moda masculina. La chistera, de copa alta y elegante, se convirtió en el emblema de la aristocracia, un signo visible de distinción frente a la gente común. Con la industrialización, la emergente burguesía buscó también diferenciarse y aparecieron nuevos estilos como el bowler o bombín, popularizado en Inglaterra y convertido más tarde en icono gracias a Charlie Chaplin.

En 1857 nació otro mito: el borsalino, creación del italiano Giuseppe Borsalino. Su éxito fue inmediato: lo adoptaron todas las clases sociales y acabó por convertirse en uno de los sombreros más universales, símbolo de una modernidad compartida. A su lado se impuso la fedora, de ala algo más ancha, convertida en sombrero de divas de cine y estrellas del espectáculo.

Otros estilos completaron el panorama de la época: el tirolés, de origen alpino, el canotier francés —rápidamente adoptado por ingleses y venecianos— y toda una moda femenina que explotó a mediados del siglo XIX. Las damas, que hasta entonces llevaban pañuelos y tocados, comenzaron a lucir sombreros adornados con plumas, velos y flores. El furor fue tal que, hasta finales de la década de 1960, la silueta femenina estuvo inseparablemente ligada a esos accesorios, aunque cada vez con menos ornamentación.

La modernidad también abrió el camino a nuevas formas, algunas nacidas en los escenarios y otras en las calles. De ahí surgieron sombreros que hoy reconocemos en músicos, actores y artistas de todo el mundo, piezas como el trilby o el pork pie, que mantienen vivo el lenguaje del sombrero en pleno siglo XX y XXI.

El sombrero dejó de ser una mera prenda funcional para convertirse en una declaración estética. Y si algo nos enseña su historia moderna es que, desde el bicornio hasta el bombín, cada forma lleva consigo un tiempo, una clase social, un símbolo. Sobre una cabeza, un sombrero nunca fue solo un sombrero.